Aunque no acaba de decidirse a llegar el buen tiempo estamos en época de playas. Los hay quien las ama y quien las repele sobretodo por su arena.
Yo soy de las que adora la playa, aunque a la vez odio la arena. Por mucho cuidado que vayas siempre acaba colándose por todas partes y aunque sacudas y sacudas en la acera, antes de volver a casa, al llegar te das cuenta de que contigo se a venido media playa dentro de la mochila.
Aunque no es tanto ese el problema como el que vives estando allí. Lo que viene siendo ponerse crema sin dejarte la piel en el intento. Que más que ponerte protector solar parece que te estás haciendo una exfoliación.

Se a convertido en un imprescindible de la mochila para la playa junto al protector solar, el juego de cubo y palas y las gafas de sol.
Es tan sencillo como echarse polvos de talco en las manos, las frotas y adiós arena. Se va en un visto y no visto y sin dejar sensación pegajosa. En apenas unos segundos tienes las manos limpias.
Porque da igual el cuidado que le pongas, da igual cuantas veces te laves las manos en el cubito para los castillos de arena de los niños, no hay forma humana de tener las manos limpias para extenderte la crema, y mucho menos el resto del cuerpo que la va a recibir.

Después de sacudir toallas y demás enseres playeros, antes de subirnos al coche nos damos otra pasada de polvos de talco a nivel general sobretodo por los pies, (yo incluso le e dado una pasada a las chanclas). Es que oye, en serio da igual cuantas veces enjuagues en la fuente del paseo, te secas ¡y se vuelve a pegar! Así, libres de arena casi al 100%, el viaje se hace mucho más ameno sin la incomodidad que crea ir rebozado y el coche llega por dentro igual que se fue, sin restos de arena, o al menos nada que ver con como volvía en nuestras anteriores escapadas playeras.
Si vas a ir a la playa ya sabes, junto al protector solar que no se te olvide tu bote de polvos del talco.