sábado, 21 de marzo de 2015

DIY tabla Waldorf, aprender a multiplicar con colores y formas geometricas

Hoy abrimos nuestro cajón de material escolar...

Es donde acaba de instalarse nuestra tabla Waldorf para multiplicar.
Consiste en un circulo con diez pivotes numerados del 0 al 9.
Se trata de ir enrollando un cordón alrededor de cada número equivalente a la multiplicación. De esta manera se va creando una trama que se convierte en una figura geométrica diferente para cada tabla. Una forma muy visual y manipulable de aprenderlas.

Hace un par de años me crucé con esta tabla por la red. Me quedé fascinada, no sabía que cada tabla de multiplicar equivalía a una figura geométrica. Nunca se me han dado bien los números, de hecho se me dan tan mal que soy incapaz de recordar un precio... Por lo que aprenderme las tablas de multiplicar me fue casi misión imposible. Como hubiesen cambiado mis tardes escolares si alguien me hubiese enseñado esta técnica... Es mucho más sencillo recordar un dibujo que una lista de números seguidos.
Obviamente tomé nota mental, así cuando le llegase el momento al niño podría ayudarle y ponérselo más fácil de lo que lo tuve yo en su día.

Este trimestre han estado tonteando con las multiplicaciones en clase, no han profundizado mucho pero han hablado sobre la tabla del 0, el 1 y el 2, así a grandes rasgos. Lo justo para que a mi pequeño cachorro le llame la curiosidad y se pase el día preguntando, hablando sobre ellas e intentando hallar por si mismo el resultado de una multiplicación partiendo de su básico conocimiento de que son sumas consecutivas.
Así que había llegado el momento de prepararle una Tabla Waldorf de Multiplicar.
Es un DIY muy sencillo de preparar y el cual voy a explicar paso a paso para que puedas fabricarte la tuya propia y así hacer las mates más divertidas y fáciles, porque las mates ¡resulta que no son aburridas!

En una tienda multiprecio compré un blister de clavos de 25mm en color negro, unas pegatinas de números también en negro y una tabla redonda de madera para cortar embutido. A mi me sobra el mango, además de ocupar más espacio a la hora de guardar, me parece más fácil de sujetar directamente del circulo, yo la recomiendo sin mango, pero él se empeñó en que le gustaba esa y no tenía ganas de debatir...

Empezamos dibujando en un papel el contorno de la circunferencia que luego recortaremos.
Lo doblamos por la mitad y luego otra vez por la mitad. De esta manera los dobleces formaran una cruz que marca el centro de la circunferencia...


Con la ayuda de un transportador vamos a marcar diez puntos equidistantes. Una circunferencia son 360º por lo que tenemos que dividirle 10 (el numero de puntos que queremos):

360 : 10= 36mm
Esa será la distancia que habrá entre cada número.

Situamos el centro del transportador con el del círculo de papel. Yo me he guiado por el doblez horizontal para empezar, aunque no es necesario.
Marcamos con un punto el cero y con otro el 3,6cm, luego podemos seguir marcando cada 3,6cm, pero me parece mucho más rápido ir moviendo el transportador (sin descentrarlo nunca), alineando el 0 con cada punto nuevo...
Movemos el 0 al punto marcado y volvemos a contar 3,6cm

Como nuestro transportador es pequeño quedaron los puntos muy juntos y en medio, así que con un compás dibuje otro circulo a un centímetro del borde del papel, con la intención de traspasar con una regla los puntos más afuera y conseguir así que quedarán más separados...


Pues bien, ya tenemos lista la plantilla que fijaremos con un poco de cinta adhesiva a la tabla de madera. Como la nuestra tiene mango tuve especial cuidado en centrar los números con él. Para ello me ayudé del doblez vertical...

Clavaremos cada punta en cada marca exterior, sobre el mismo papel (asegúrate de que son lo suficientemente largos para introducirse bastante en la madera dejando a su vez parte por fuera, para que queden bien anclados y tener margen de movimiento a la hora de pasar el cordón-hilo).
Tomé un rotulador como referencia para que todos los clavos quedaran más o menos a la misma altura, amartillaba hasta llegar al rotulador...


Retiramos la plantilla de papel y, en nuestro caso, pegamos los números...


¡Y ya podemos darle al coco!
Empezando siempre desde cero, hay que pasar la cuerda por el último número del resultado, por ejemplo:

5x1= 5
 5x2= 10
 5x3= 15
Por lo que partiendo del cero (5x0=0) pasamos por el 5
luego otra vez por el 0 y nuevamente por el 5... Siempre el último número.
 Dando como resultado una línea recta.

Nosotros usamos un color para cada número, siguiendo los colores montessori que son los que tienen nuestras regletas numéricas. Así será todavía más visual, cada tabla de multiplicar tendrá un color y forma geométrica. Y si utilizas diferentes tipos de cordones, también tendrán un tacto diferente, toda ayuda es poca.
Cómo cuando empezamos con las regletas y sumas ya asignamos un color a cada número, solo tenemos que recordar la figura y en que posición cae cada extremo para ayudarnos a seguir las tablas de multiplicar.

De esta manera sabemos que la tabla del 2 es de color rojo y forma una casita un pentágono; la del 5 en color amarillo una linea; la del 6, verde oscuro, una bonita estrella...



Practicando la tabla del 3...

Ahora, cuando tengamos que cantar la tabla en clase solo tenemos que recordar su color y forma para ayudarnos a seguir el orden.

¿Tú cómo aprendiste a multiplicar? ^_^

domingo, 1 de marzo de 2015

Siempre te querré, pequeñín

Sobre nuestro cajóncabecera suele descansar uno de nuestros libros preferidos, por su historia, sus ilustraciones, rápida lectura y el mensaje que transmite.
Se trata del libro Siempre te querré, pequeñín, de la editorial Timunmas.

De la mano de Debi Gliori, consta de trece hojas fabricadas en cartón duro, con tiernas y divertidas ilustraciones impresas a toda plana con colores alegres y llamativos.


En sus páginas nos cuenta la historia de Colín, un cachorro de zorro y su mamá que anda hablando por teléfono. Al pequeño que no anda de muy buen humor esto parece disgustarle mucho por lo que le da por destrozar cosas para desahogarse. Cuando su mamá descubre el tinglado pregunta sorprendida que ha pasado y el pequeño le contesta que está enfadado y que nadie le quiere de corazón. Y es ahí cuando llega el mensaje que tanto nos gusta y que, antes incluso de haber leído el libro, se ha convertido en nuestro mantra desde el momento que nos abrazamos por primera vez... Pase lo que pase,  siempre te querré.
Pero el pequeño no acaba de quedarse tranquilo y mientras juntos van recogiendo el estropicio creado, preparan el baño y la cena, no deja de hacerle preguntas con casos hipotéticos, ¿le querrá aunque fuese un cocodrilo, o si se volviese gusano?

Y de esta manera, con las situaciones que imagina Colín recreadas con bonitos dibujos, su madre le va contando que sí, tranquilizándole entre rimas.
Tiene un final muy emotivo cuando ya en la cama el zorrito le hace la pregunta del millón, ¿que pasará cuando su mamá ya no esté con él? ¿el cariño seguirá vivo?...

Nosotros lo tenemos desde los pocos meses de mi cachorrillo y ha sido nuestro libro de cabecera desde entonces, es muy tierno y transmite a la perfección el mensaje de amor que siempre le repetí.



¿Vosotros tenéis un libro de cabecera? ¿Cual? ^_^

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