martes, 15 de abril de 2014

Kit de excavación Homo Neanderthalensis, juega a ser un pequeño paleontólogo.

En vacaciones los niños suelen aburrirse y agobiarse en casa, es por eso que hoy toca abrir uno de los cajones de mi cachorro donde se guardó su kit de excavación de esqueletos.

Fue uno de los regalos que recibió por Navidad, y le gustó tanto que prefirió guardárselo para que no se le acabara y poder disfrutarlo mayor tiempo. ¿Conoces la frase "La felicidad está en la sala de espera de la felicidad"? Parece ser que él sí, y la explota y saca partido; deberías verle comerse una natilla para que le dure más y disfrutarla con intensidad jeje, así que con este juego de excavación de fósiles no iba a ser menos. Es por eso que lleva desde Enero a medio excavar guardado en su cajón.

Existen una gran cantidad de modelos y marcas en el mercado. Aunque la mayoría de veces los que se ven o encuentran suelen ser de dinosaurios. Este en particular es de Geoworld*, el Homo Neanderthalensis. También puedes hallar de gemas, dientes, insectos en ambar...
Este año en una tienda vi a muchos de ellos, era difícil decantarse solo por uno, pero me decidí por este esqueleto tanto por el precio (unos 12€) como por el modelo ya que a mi cachorro los dinosaurios no es que le llamaran nunca mucho la atención, en cambio el cuerpo humano le pirra así que seguro le iba a hacer gracia una vez dada por finalizada la excavación tenerlo en su cuarto junto al torso humano de piezas encajables que me pidió cuando tenía dos años.
No me equivoqué, se puso como loco al verlo y no tardó en sacarlo de la caja y ponerse manos a la obra.
El bloque que contiene los huesos fósiles mide unos 15x10cm, viene con una piqueta con una especie de cuchillo en su extremo opuesto y un cincel, ambos de plástico duro y resistente.
Yo eché en falta un cepillito para darle mayor realismo así que le sugerí de coger uno de los que tenemos para la cola blanca y para acabar de hacer la gracia una cuchara de plástico para usarla a modo de pala.
La piedra a excavar es de una especie de yeso muy blando, como si estuviese húmedo aún, muy fácil de rascar y picar; tan fácil que solo pasando el pincel vas sacando capas de "piedra". Lo cierto es que si le das cuatro viajes bien dados, o lo tiras al suelo, el bloque deja al descubierto las diferentes piezas que con un par de tirones podrías sacar. ¿Pero donde queda la gracia entonces? Eso lo sabe muy bien mi niño (como digo sólo hay que verle comerse una natilla) así que una vez cogidas las dos herramientas extras, que le sugerí y que le parecieron estupendas, se puso manos a la obra. Solo le faltaba un traje color caqui jajajaja.

Ponía su cincel y le iba dando golpecitos con la piqueta, haciendo surcos en la piedra, luego le pasaba el pincel para retirar el polvo y poder ver como iba el trabajo no fuese a haber un hueso ahí y este se astillara o echara a perder (aunque son de plástico resistente claro, hay que meterse en el papel jeje). Cuando por fin le apareció una punta de hueso se puso a pegar gritos emocionado, entonces dejó el cincel y la piqueta y se esmeró con el pincel, de vez en cuando usaba la cuchara-pala para retirar la arena que estorbaba y poder mantener limpio el trozo que trabajaba. No creas que es algo complicado o pesado, es que él disfruta dándole realismo. No te miento si te digo que ese primer contacto le duró dos largas horas que dejó a regañadientes porque ya era la hora de comer. Más tarde estuvo otras tres. Los días sucesivos lo cogió una media de dos horas diarias, cuando vio que eso ya estaba muy avanzado y se terminaría pronto me dijo que lo iba a dejar un tiempo para que le durara más. Y ahí sigue (¿a la espera de recibir nuevos fondos que permitan continuar con el descubrimiento? jajajaja), hasta hoy que al verme buscar imágenes para ilustrar la entrada a decidido que ya era hora de volver a los trabajos de excavación. 

Él le está sacando mucho jugo y disfrutando un montón, cuando se decida a acabar con este Homo Neanderthalensis le tengo el ojo echado a uno de pepitas de oro que viene con su bolsita de cuero para guardarlas, en realidad son pepitas de pirita (el falso oro) y para jugar a tesoros, piratas y ladrones le va a venir genial, sin contar la diversión que le brindará el tiempo de excavación previo.
Solo hay que tener una cosa en cuenta, crea mucho polvo, si hay personas con problemas respiratorios no creo que sea muy adecuado sobretodo si es el propio niño. Aunque no tiene porque quedarse privado del juego si usa una mascarilla o pañuelo, a fin de cuentas los verdaderos arqueólogos suelen llevar uno siempre colgado del cuello para cuando lo necesiten.
También tener en cuenta que puede ensuciar los muebles, al ser un material tan blandito el polvo que crea se queda adherido, aunque pasando un paño se quita fácil, yo más que nada lo aviso por si eres escrupuloso con el orden o la limpieza no te vaya a dar un patatús al ver la que se monta en un principio. Tranqui, de verdad que se recoge-limpia muy fácil, un paño y un barrido (o incluso mejor directamente la fregona húmeda o el mismo trapo) y todo como nuevo.
Aunque ahora que ya hace buen tiempo casi que es más divertido salirse al balcón o irse a un parque a hacerlo bajo el sol, más autentico aún.

*Nota en caja: Stefano Piccini, geólogo y paleontólogo, es el que ha ideado Eduproducts, una línea innovadora de juegos educativos infantiles, que contienen fósiles y minerales auténticos así como réplicas perfectas de dinosaurios, para acercar a los niños al fantástico mundo de la paleontología.


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2 comentarios:

  1. Lástima que no existiera en mi época. Estoy segura de que hubiese disfrutado como una enana.

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    1. Yo lo hacía directamente en el suelo del monte, me lo pasaba bomba.
      Encontré una gran variedad de huesos (de restos de comida de los perros de mis abuelos jajajaja).
      Hoy en día da un poco de grima ponerse a escarbar por ahí ¿no? >.<

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